Me pediste un poco de ruido. Uno que no se pueda callar, para mantenerte despierto a su lado y no caer dormido en el tiempo.
Tu, siempre tan soñador, has viajado por el tiempo cargando con mi ruido, sintiendo que tu espiritu adolescente no desvanecerá, pero el tiempo se ha cansado de esperar.
Sé que no quieres aceptarlo, pero estás dejando caer gritos y lloros por tu camino, malgastando la adolesciencia, abandonando mi voz.
Mi megafono se ha cansado de transmitir mis sonidos, cayendo poco a poco en pedazos. No me das tiempo a arreglarlo y yo ya no puedo gritar más, asi que intento que comprendas que no puedes ser hijo de la madrugada por siempre.
Unamos nuestros gritos en una sinfonía sin fin, corramos calle abajo sin frenos, cogidos de la mano.
El frío viento del tiempo entrará por la cavidad vocal e inundará nuestro cuerpo, cortandonos las cuerdas vocales, enmudeciendo nuestra juventuz.
Pero tu no puedes asimilarlo asi que dejas escapar a tu corazón junto a una lluvia de estrellas que no tiene parada fija, una escapada cubierta de luz, que abre la puerta a un mundo nuevo al que no podemos alcanzar, pero yo estaré por siempre viendote desde abajo, llorando mis propias estrellas fugaces sobre mi sonrisa, la luna.
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