Ya no sé a que maniquí estoy susurrando mis sentimientos de forma incompleta, nada puede liberarme completamente.
Las esperanzas ahora son solo fracaso en mi memoria.
Sólo me queda observar el sol desde una ventana manchada de gotas de la melancolía.
La verdad es que esto nunca tuvo futuro pero era bonito tener alguna razón por la que seguir dando la bienvenida a otro día.
Ahora está bañado de locura y no tiene ni pies ni cabeza, aunque a veces me pueda abandonar, esto nunca me dejará.
¿Cuándo estos sentimientos dejarán de ser protagonistas? ¿Dónde puedo nombrar lo que de verdad me importa? No. No importa cuantas veces lo ignore ni lo intente, no puedo cambiar mi forma de querer. Quiero a mi llanto. Quiero a mis lamentos. Amo a todos los trozos esparcidos por el suelo que fingían ser mi sonrisa, porque, de alguna forma, era lo que me apoyaba en la oscuridad de un nuevo día al que no merecía dar la bienvenida.
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