Mientras la música resonaba en la habitación, acaricié el suave pelaje de mi gata, que dormía tumbada a mi lado, sin importarle que ocurría a su alrededor.
Intenté no sollozar. No quería despertarla cuando ella tenía la oportunidad de que no se la critiquen por su ignoracia.
Me quité las gafas y me sequé los ojos con el puño de la manga, sorbiendo por la nariz.
Me pasé la mano por el pelo húmedo y miré a mi alrededor, agitada. No tenía ganas de seguir llorando, eso no me satisfacía. Quería gritar. Quería salir a la calle y correr mientras grito fuerte, hasta quedarme sin voz.
No necesito las buenas intenciones, no necesito que me abracen. Necesito sentirme libre de sentir que nada importa. Quiero no tener razones para quejarme de la mierda de vida que tengo.
Quiero no perder nunca las ganas de vivir. No quiero malgastar mi mente nunca más para salvarme. Quiero disfrutar la música cada segundo, sin que me transporte por el tiempo y mis pensamientos, haciendome llorar.
Todo está incompleto y yo lo quiero hacer real.
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