¿Puedes percibir lo impotente que me siento al no poder revivir por completo? Sólo puedo adormecer la muerte en mi felicidad pero siempre logra revivir.
Cada palabra y sonido se vuelve tétrico en mi boca.
El invierno agrieta mi voz y corta mis labios, congela mi cuerpo y hace que me sienta más vulnerable ante el tiempo que recorre cada milimetro que avanzo por mi vida. Me asusta condenar cada movimiento que hago a estar grabado en la eternidad de una vida inmortal.
Lo más triste de este cuerpo es que nunca podrá cambiar, aunque esté cansada de pudrirme, aún no entiendo por que me aferro a algo tan repugnante. Un cuerpo cargado de hipocresía, pura mentira envenenada por pensamientos pesimistas.
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