viernes, 1 de octubre de 2010

205.

Me he dado cuenta de cuan equivocada estaba respecto a mi forma de odiarte. No odio que me robes parte de mi, no odio que me dejes vacía, no odio que me hagas sentir asquerosamente bien y repugnante a la vez ni odio que me hagas sentir impotente. Odio no poder decirte cuanto me alegra verte sonreir, odio que no te puedas dar cuenta de cuanto me anima oir tu voz hasta en la más triste melodía, odio tener unos sentimientos tan puros y limpios que me parecen irreales y artificiales y odio no poder hacer que te percates de ellos.
Cuantas voces rezan las mismas palabras y cuantos toques especiales reinan en ellas. Sé que todas creen superar a las demás pero yo sé perfectamente, que soy la más débil, nunca podría enfrentarme a alguien sólo para impedir alejarte más de mi, no tengo tanta fe en mi ni en mi fuerza, sé que acabaría perdiendo. Pero si algún día consigo hacerte llegar la minima parte de estos ilusos y paranoicos pensamientos, siento que podré sonreír aunque en un secreto futuro los quemes y sonrías pensando: otra más.
Supongo que este amor siempre viene cargado de un poco de masoquismo puro, de angustia y agonía, y por supuesto, de placer.

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